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Celebrar la vocación, es celebrar el amor de Dios

04 Agosto 2019
Publicado en Noticias y actividades
Este domingo 4 de agosto, la Iglesia celebró el 160 aniversario del fallecimiento de San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, patrono de nuestro Seminario Diocesano. Por lo tanto juntos compartimos su fiesta patronal, la celebración eucarística fue presidida por Monseñor Juan Rubén Martínez, concelebrada de manera especial por el obispo de la diócesis de Iguazú, Monseñor Marcelo Martorell, sacerdotes de la provincia, formadores del seminario, diáconos, seminaristas y por supuesto el pueblo de Dios compuesto por las familias de los seminaristas, familias de amigos.
Fue una jornada muy linda y emotiva, en la que el Seminario abrió sus puertas para recibir a todos, agradecer primero en la eucaristía y después compartir el tradicional almuerzo en el patio junto a las familias.
Durante la homilía, el obispo de la Diócesis de Posadas, Monseñor Juan Rubén Martínez, remarcó la enorme alegría de poder celebrar las Fiestas Patronales del Seminario y sobre todo el poder “decirle Amén a Dios, con un profundo agradecimiento, porque es el Señor de la historia y nos va acompañando en nuestra historia”. Además, destacó la importancia de nuestro Seminario, porque es un lugar emblemático y clave para la Evangelización del pueblo de Dios.
Compartimos algunos fragmentos de la homilía de Monseñor Juan Rubén:,
Qué lindo es poder celebrar hoy como familia diocesana en este lugar. Hoy se cumple un nuevo aniversario del fallecimiento del Santo Cura de Ars, nuestro patrono, el patrono del seminario, un ejemplo de vocación y de perseverancia.
Queremos decirle un Amén a Dios como muestra de profundo agradecimiento, porque él nos va acompañando y es ejemplo de muchos jóvenes. Qué bueno es celebrar la Eucaristía en este lugar, y que el seminario hoy pueda llegar a toda la provincia, gracias a los medios de comunicación que están transmitiendo en vivo. 
Celebramos en el seminario, en primer lugar queremos subrayar todo lo que significa este lugar, es un lugar emblemático y clave para la acción evangelizadora de la iglesia, de nuestra provincia y de la región. Qué bueno es estar acá en esta fiesta, queremos agradecer a los sacerdotes, pero de manera especial a mi hermano, el Obispo Monseñor Marcelo Martorell por venir a celebrar esta fiesta y a los muchachos que viven acá y a diario experimentan el llamado a la vocación. 
Hoy estamos aquí porque queremos hacer historia, en una época en la que hay muchas malas noticias, muchas informaciones que están cargadas como las coyunturas de avaricia y de poder. Sabemos que con  amor podemos cambiar la historia. Celebrar la experiencia del amor de Dios, como lo están haciendo los jóvenes que están aquí respondiendo a Dios al llamado. Acá podemos vivenciar una experiencia muy fuerte, muy profunda. Dejándolo todo de alguna o de otra manera. 
Ese es el Señor y allí está nuestra respuesta. Este es un llamado que Dios nos va a haciendo a cada uno de nosotros. En el Evangelio nos narra cómo fue llamando a los apóstoles y hoy podemos ver como lo sigue haciendo con cada seminarista. Es Dios, que nos pone frente a la gratuidad de su llamado, Dios siempre llama al que Él quiere. Dios llama porque ama; llama y nos da una misión. Ese es el ministerio ligado a los apóstoles, a los sacerdotes por supuesto. 
Es importante que recordemos todos que los sacerdotes son íntimos colaboradores de los obispos y eso es importante que no nos olvidemos,  porque ese también es el llamado del servicio a Dios.
Queremos agradecer y visibilizar esto que está pasando acá. Es un acontecimiento que tiene muchos frutos, y que los podemos ir viendo. Aquí se va amasando algo muy grande, Dios llama los que Él quiere, es bueno saber y reconocer que los sacerdotes no somos perfectos. Tratamos de cumplir el mandato de Dios, que desde nuestras fragilidades queremos contarlo, lo que nosotros anunciamos no es un amor propio, es el amo de Dios que nosotros experimentamos en nuestro llamado. Queremos ser un puente.  
Amar con misericordia es la tarea, la Iglesia quiso ponerlo de patrono de los sacerdotes al Cura de Ars, este hombre que en apariencia no hizo grandes cosas y que le fue difícil el ministerio. Dios le señalaba acciones que eran muy profundas, él tomó la antorcha de la oración y de la penitencia. 
Dios quiere que nos desapeguemos de tantísimas adicciones que tenemos en nuestros tiempos, el Cura de Ars nos demuestra que no fue imposible, que se podía lograr despegarse de la oferta materialista, eso sin lugar a dudas nos agobia. Ser así, seguir las corrientes, correrlo a Dios, nos hace pobres e insatisfechos a los ojos de Dios. Es bueno que sepamos que no nos llena el corazón ni el poder, ni la plata, lo hace Dios si les damos el lugar. Dios es dios y el resto de las cosas son superfluas. 
Cuando le damos el lugar a Dios todo lo demás va desapareciendo. Lo podemos ver a través de os hombres, Dios lo hace grande. El Cura de Ars confesaba horas y horas, era instrumento del amor de Dios, la gente venía a confesarse y a hablar de Dios porque lo necesitaba y el sabia que esa era su tarea.
Queremos pedirle al Santo Cura de Ars que como sacerdotes podamos orientarnos, que nos ayude a los sacerdotes como lo hacen tantas mujeres y varones santos, que nos ayuden a vincularnos de manera fundamental sabiendo que el único camino es el amor que nos hace sentir su presencia. Una vez más queremos decir que lindo es estar acá, que lindo es celebrar y poder hacer un profundo agradecimiento por tantos sacerdotes y seminaristas que responden el llamado.