Cartas dominicales

«Consuelen a mi Pueblo»

Carta de Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas para el 4° domingo de Pascua 3 de mayo de 2020.
 
Cada año en este cuarto domingo de Pascua rezamos por las vocaciones. «Vocación» quiere decir llamado y en la vida de cada varón y mujer hay un llamado a estar en comunión de amor con Dios. En este domingo celebramos la «Jornada mundial de oración por las Vocaciones» y oramos especialmente por las vocaciones sacerdotales y consagradas. Anualmente el Papa nos envía una carta que este año se denomina: «Empujados por el Espíritu para la misión».
 
El texto del Evangelio de este domingo (Jn 10, 1-10), nos ayuda a comprender la importancia de orar por las vocaciones sacerdotales y consagradas, y a ahondar en esta imagen de Jesús, como Buen Pastor: «Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero Yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia».
 
El mismo Señor eligió a los Apóstoles de entre los discípulos para que sean sus sacerdotes y apacienten sus ovejas. En este sentido es bueno recordar el diálogo entre Jesús y Pedro: «Simón, hijo de Juan ¿me amas?, Señor tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero. Entonces Jesús le dijo, apacienta mis ovejas» [Jn 21,17]. Hoy también seguimos necesitando que haya jóvenes que quieran donar sus vidas a Dios y a sus hermanos, respondiendo al llamado que Dios les hace a la vida sacerdotal o consagrada.
 
Si bien estas vocaciones específicas como el sacerdocio o la vida consagrada siempre han revelado más intensamente la presencia de Dios, hoy son especialmente necesarias. Son un signo orientador para una sociedad excesivamente materialista y pragmática. En definitiva, la solución a un tiempo marcado por distintas crisis no pasa por el solo aumento de «tecnología de avanzada» o la «credibilidad de los mercados», sino en la multiplicación de gente creíble que quiera vivir una mayor comunión con Dios y considere a cada hombre su hermano, generando una cultura más solidaria.
 
Al rezar por las vocaciones y por los sacerdotes quiero enviar un saludo y agradecimiento a nuestros sacerdotes de la diócesis, uniéndome a la carta enviada por la CEMin, titulada: «Consuelen a mi Pueblo, dice el Señor» (Is 40,1): «Los Obispos de Argentina a través de la Comisión Episcopal de Ministerios queremos llegar a cada uno de ustedes en este tiempo especial e inédito a causa de la pandemia del Covid-19. Somos testigos de todo lo que están viviendo y haciendo por el bien de nuestro pueblo. Nos llena de inmensa alegría que nos mueve a decirles ¡GRACIAS! […] El Papa Francisco nos señaló el pasado domingo de Ramos: “Miren a los verdaderos héroes que salen a la luz en estos días. No son los que tienen fama, dinero y éxito, sino son los que se dan a sí mismos para servir a los demás”. Entre ellos encontramos testimonios sacerdotales que nos han edificado, y manifestando lo más genuino de la vocación sacerdotal: ¡cuánto nos reconforta constatar el espíritu misionero de capellanes de hospitales y otros muchos, que no han querido abandonar al caído en el rostro de enfermos y moribundos, llevándoles el consuelo de la Palabra de Dios y de los Sacramentos! ¡Qué lindo es dejarnos conmover por ese deseo que nace de un corazón enamorado, puesto de manifiesto al transformar en posibilidad los límites con que nos encontramos, sosteniendo la fe del Pueblo de Dios por todos los medios que fueron posibles! ¡Qué consolador es verlos arriesgando su propia vida junto a los que más sufren, a los más pobres e intentar visibilizarlos para que como sociedad estemos cerca, compartiendo con ellos el pan de cada día! ¡Qué hermosa expresión de fraternidad ha sido verlos preocupados por sus hermanos sacerdotes, manifestando su cariño y cercanía a todos, especialmente a los ancianos y enfermos! […] En nombre del Pueblo de Dios, queridos hermanos sacerdotes: ¡Gracias! El testimonio que nos están dejando nos ayuda a que todos seamos “con María, servidores de la Esperanza”. En el clima espiritual que nos regala el año Mariano Nacional, dejamos en el corazón de la Santísima Virgen “Madre del Pueblo, Esperanza nuestra” el más vivo deseo de que, superado el peligro que nos aflige, podamos sentarnos todos a la mesa del banquete Eucarístico».
 
Este domingo vocacional es una oportunidad para que cada uno de los sacerdotes y consagrados, demos gracias a Dios por nuestro llamado. Desde ya que ninguno de nosotros es digno de este maravilloso don de Dios, fruto de su Amor. Como en toda vocación, cruces no faltan, pero Dios es providente y nos acompaña con predilección, para que nuestra vida esté cargada de sentido.
 
Quiero pedir a todas las comunidades que intensifiquen la oración por las vocaciones, y a los jóvenes y a las jóvenes, que vivan a fondo su vocación cristiana, y si Dios los llama al sacerdocio o a la vida consagrada, no se achiquen, que Dios no abandona.
 
Les envío un saludo cercano y ¡hasta el próximo Domingo!
 
Mons. Juan Rubén Martínez, Obispo de Posadas