Cartas dominicales

«El escándalo de la división»

Carta de Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas para el 2° domingo de Cuaresma 8 de marzo de 2020.
 
Caminando en este tiempo de Cuaresma que nos propone un camino de conversión, continuamos reflexionando con la Carta Pastoral. Esta vez, centrándonos en revisar cómo nuestro amor a Dios debe verse expresado en el amor a los hermanos, tratando de evitar el escándalo de la división y procurando vivir la unidad.
 
El fundamento último del amor humano está dado en el mismo amor trinitario. De hecho, el evangelio de Juan resalta la expresión del Señor en el versículo que ilumina esta carta: «que sean uno como Tú, Padre, y yo, somos uno» y agrega algo fundamental: «para que el mundo crea». Como causa de credibilidad del anuncio, de nuestra acción evangelizadora, se pone la unidad. En efecto, Cristo ha venido a ser semejante en todo a nosotros para que nosotros seamos hijos en Él (Heb 2,10-17). Para que seamos hijos de Dios en sentido pleno, capaces de decirle «Abba», es decir, Padre. Somos también coherederos de Cristo porque somos ya sus hermanos (Rom 8,14-17).
 
En nuestros contextos sociales y aún en los propiamente eclesiales muchas veces parece diluirse el mandato de amar a nuestro prójimo. Nuestro tiempo está fuertemente ensombrecido por el secularismo y el materialismo que con frecuencia nos llevan al odio, a la violencia, a dañarnos los unos a los otros, o, nos impulsa a uno de los peores flagelos actuales: la indiferencia.
 
En esta carta cuaresmal no haremos un catálogo del escándalo de la división que se manifiesta de tantas maneras, pero sí, el tiempo de Cuaresma nos ayudará a que hagamos un buen examen de conciencia y a que nos planteemos seriamente si el Evangelio y su propuesta impregnan nuestra vida, nuestros criterios, nuestra manera de obrar, nuestras opciones, es decir, si impregnan nuestro estilo de vida.
 
Es cierto que cuando miramos el mundo, nuestro tiempo, -que no es ni peor ni mejor que otras épocas- vemos que está cargado de sombras de odio y de violencia, expresadas en guerras, terrorismo, racismo, discriminación y formas de autodestrucción, tan señalada en el suicidio por no considerar la ecología humana y la creación. Este suicidio se expresa en la agresión y autodestrucción de todas las formas de vida.
 
Necesitamos convertirnos y revisar aquello que cada uno puede hacer para no aumentar el daño ecológico al planeta y el daño ecológico humano desde nuestro estilo de vida. Podemos encontrar ejemplos bien concretos de esto para evaluarnos. Aquí, en nuestra provincia de Misiones y en la misma ciudad de Posadas vemos zonas transformadas en auténticos basurales. Se trata de lugares donde vive gente, donde transitan niños, jóvenes y adultos que van a sus hogares. Estos lugares, generalmente en barrios pobres, se generan porque hay gente que de forma escondida deja su basura ahí. Esto revela un desinterés por los hermanos quienes pareciera que se tienen que acostumbrar a convivir con la basura ajena.
 
Probablemente podamos poner otros tantos ejemplos de lo que daña la convivencia y que se genera porque desconocemos al otro como nuestro hermano. Quisiera que todos, pero especialmente los cristianos hagamos un examen de conciencia concreto sobre si reconocemos a los otros como nuestros hermanos.
 
Les envío un saludo cercano y ¡hasta el próximo Domingo!
 
Mons. Juan Rubén Martínez, Obispo de Posadas.