Cartas dominicales

El discipulado del Amor

Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para elquinto domingo de Pascua
[19  de mayo de 2019]
 
En el Evangelio de este domingo (Jn13,31-35) el Señor nos presenta un mandamiento nuevo: «ámense los unos a los otros, así como yo los he amado, ámense también ustedes… en esto reconocerán que ustedes son mis discípulos» (Jn 13,34-35). Este pedido de Jesús sabemos que es exigente y que es un componente esencial para vivir la condición de cristianos, a tal punto que por la práctica de este mandamiento seremos reconocidos como discípulos de Jesús. Si somos sinceros, ante este pedido tan claro que nos hace el Señor, tendríamos que avergonzarnos, porque en nuestra sociedad, comunidades y familias a veces prevalece la práctica del «ojo por ojo y diente por diente». Lo peor es que en muchos que se denominan rápidamente cristianos, ni siquiera existe este cuestionamiento. Al contrario, lo normal como tipo social es el circuito del daño, totalmente distanciado del perdón y la reconciliación. No por casualidad en diversos documentos y mensajes reiteradamente se señala la necesidad de acentuar una eclesiología y espiritualidad de comunión. 
El Evangelio de este domingo nos señala categóricamente: «ámense los unos a los otros”. Este es el fundamento de una comunión que todos debemos tener en cuenta en nuestro camino de discipulado. La realidad nos muestra que muchas veces la fe que tenemos como don, no llega a impregnar situaciones de la vida diaria donde terminan dominándonos aspectos negativos de nuestros afectos: enojos, celos, envidias, o cosas peores. Relaciones humanas que a veces tenemos con seres queridos y cercanos, laborales o de otros tipos, que vivimos sin tener en cuenta la exigencia del amor que nos propone el Evangelio. Cuando pasa esto algunas enseñanzas cristianas quedan en el olvido, como el perdonar de corazón, retomar el diálogo, buscar amar a los enemigos, o bien, rezar por los que nos persiguen. Dichas enseñanzas son una exigencia para que el cristiano viva su fe como discipulado. Es una exigencia«crucificante» y liberadora. Cuando somos capaces de tomar una decisión de diálogo y perdón rompemos el circuito del odio y la venganza con el arma del amor. La fe, que es un donde Dios, madura en nuestra vida cotidiana cuando en algunas situaciones vividas o decisiones que tenemos que tomar, asumimos el Evangelio del Señor.
«Jesús nos muestra el camino para seguirlo, el camino del amor. Su mandamiento no es un simple precepto, que permanece siempre como algo abstracto o exterior a la vida. El mandamiento de Cristo es nuevo, porque Él, en primer lugar, lo ha realizado, le ha dado carne, y así la ley del amor es escrita una vez para siempre en el corazón del hombre (Cfr. Jer 31,33). ¿Y cómo está escrita? Está escrita con el fuego del Espíritu Santo. Y con este mismo Espíritu, que Jesús nos da, ¡podemos caminar también nosotros por este camino!
Es un camino concreto, un camino que nos conduce a salir de nosotros mismo para ir hacia los demás. Jesús nos ha mostrado que el amor de Dios se realiza en el amor al prójimo. Ambos van juntos. Las páginas del Evangelio están llenas de este amor: adultos y niños, cultos e ignorantes, ricos y pobres, justos y pecadores han tenido acogida en el corazón de Cristo.
Por tanto, esta Palabra del Señor nos llama a amarnos unos a otros, incluso si no siempre nos entendemos, no siempre vamos de acuerdo… pero es precisamente allí donde se ve el amor cristiano. Un amor que también se manifiesta si existen diferencias de opinión o de carácter, ¡pero el amor es más grande que estas diferencias! Éste es el amor que nos ha enseñado Jesús». (Papa Francisco, Regina Coeli, mayo 2015)
El testimonio de comunión y diálogo de los cristianos también es un servicio a nuestra sociedad y cultura en donde sobreabundan las ambiciones provocadas por la fama, el poder, el dinero y la superficialidad… Esto lleva a la mezquindad, a buscar objetivos sin medir el daño que se puede provocar para lograrlos. Negar o distorsionar la realidad desde posturas autoritarias llevan inexorablemente al fracaso. En este domingo estamos llamados por el Evangelio que leemos al diálogo y a la comunión. Sabemos que cuando empezamos a asumir compromisos en el camino del amor a Dios y a los hermanos, generamos un horizonte de esperanza. 
Un saludo cercano y hasta el próximo domingo.
Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas